La importancia de la formación de formadores para el nivel medio

Hace algunos años se inician acciones para fortalecer el nivel medio, ya que el sistema educativo guatemalteco estuvo más concentrado en el nivel primario. Una de las preocupaciones es el fortalecimiento de este nivel para alcanzar competencias humanísticas y profesionales (pedagógicas o didácticas) en los docentes que desarrollan su quehacer en las aulas de los ciclos básico y diversificado.

El siglo XXI no necesita “sabedores de todo”, más bien, de un facilitador que “coloque los andamiajes” en los procesos educativos, para que los futuros ciudadanos se desenvuelvan a nivel local, nacional y global. Para ello se necesitan competencias sociales, interculturales, emprendedoras, para la ciudadanía activa y la inclusión. Estas competencias se deben desarrollar tanto en la formación inicial como en servicio.
La formación continua, donde se perfeccionan algunas competencias y/o se adquieren otras, se compone de: formación inicial (profesorados y licenciaturas) y en servicio (cursos, diplomados, maestrías, etc.). Es por ello que en conjunto con el Centro Universitario de Oriente (CUNORI) de Chiquimula, actualmente se encuentra en proceso la especialización de posgrado en formación de formadores. CUNORI y EDUVIDA, comparten la visión en cuanto a la importancia del cambio personal y profesional de los docentes, por ello actualmente están desarrollando los primeros pasos para convertir la especialización en Maestría. Es preciso mencionar que colocar antes las competencias sociales que las profesionales es intencional; ambas instituciones creen que solo si cambia la persona cambiará el profesional. Además, tomando las palabras del renombrado profesor brasileño, Pablo Freire creen en lo que él postula:
“Enseñar no es transferir el conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción” .

Elaborado por Edin López Asesor Técnico Principal – EDUVIDA II

Fortaleciendo al docente formador

El programa Educación para la Vida y el Trabajo (EDUVIDA II), en cooperación con el Ministerio de Educación (MINEDUC) y la Escuela de Formación de profesores de Enseñanza Media (EFPEM) de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), fortalecen la educación en el nivel medio (ciclos básico y diversificado), a través de la Especialización del Posgrado en formación de formadores con énfasis en el nivel medio, en modalidad blended-learning (aprendizaje mixto), donde se capacitan catedráticos universitarios de diferentes puntos del país, quienes tienen a su cargo la formación de docentes para el nivel medio. Esta especialización ha sido diseñada para que los participantes aprendan-haciendo y apliquen lo aprendido según el contexto donde se desarrollan profesionalmente.

Actualmente está en desarrollo la cuarta cohorte de este posgrado. En él participan 30 profesionales de ocho departamentos del país, siendo el 50% mujeres y el otro 50%, hombres. La primera fase presencial se llevó acabo del 15 al 19 enero de 2018, en el Centro Universitario de Oriente (CUNORI) en el departamento de Chiquimula. En esta primera presencial se realizaron diversas actividades diseñadas para el aprendizaje colaborativo; es decir, que los participantes trabajan en grupo y comparten conocimientos, experiencias, ideas, creatividad, análisis crítico y reflexivo de los temas abordados, apropiándose de esta manera de nuevos conocimientos para aplicarlos en su contexto.
Con estas actividades se introdujeron los temas: (i) calidad y educación: la educación como derecho humano, (ii) desafíos para una educación con calidad y equidad, (iii) currículum, reformas e innovaciones educativas en América Latina y (iv) formación docente del nivel medio en América Latina y su relevancia para una educación con calidad. Estos temas se profundizan a través de un programa de estudios especifico alojado en el campus EDUVIDA. En esta plataforma se encuentran actividades formativas para fortalecer el aprendizaje, actividades que son mediadas por un facilitador y un tutor virtual, quienes brindan acompañamiento a lo largo del proceso formativo.

Así como esta, otras ofertas académicas han sido planificadas con el fin de brindar herramientas que faciliten a los docentes innovar la educación del nivel medio en las zonas rurales y urbanas de Guatemala, para brindar una educación de calidad, equidad e intercultural a los jóvenes.

Elaborado por Lesbia Fuentes Asesora de aseguramiento de la calidad – EDUVIDA II

Formación integral en pleno siglo xx

Desde los años 70, en el informe “Aprender a ser”, se llegó a la conclusión que la educación centrada en el profesor que dicta clases con estudiantes pasivos y que repiten información no era suficiente ni necesaria en un mundo cambiante (UNESCO, 1973).
Casi cinco décadas después, podría vislumbrarse un proceso de aprendizaje integral donde se complementen las necesidades del estudiante, del docente, contextuales y, por supuesto, todas las condiciones para desarrollar personas integrales; tomando como mínimo cubrir las necesidades básicas que nos plantea Maslow a través de su pirámide (1968).

Sin embargo, el panorama es otro, ya que la educación sigue estando plagada de contenidos obsoletos, desvinculación entre teoría y práctica, un rigor excesivo en la memorización mecánica de contenidos, poca relevancia en la formación de valores, dispersión entre la planificación didáctica, el proceso de aprendizaje y la evaluación de resultados; descontextualización del docente ante las nuevas tecnologías versus inmersión completa (formativa o degenerativa) de los estudiantes, carencia de una práctica reflexiva, entre otros.

Parece ser un panorama sombrío, aunque debe reconocerse que son generalidades de todo un sistema educativo, sin enfatizar un nivel educativo en especial. No obstante existe vocación por cambiar esta realidad, entidades nacionales e internacionales que abogan por otra educación y modelos educativos que enfatizan otro tipo de formación: la basada en competencias, por ejemplo. Indudablemente, descartando la definición que se planteó en el ámbito laboral de los años noventa.

“Las competencias surgieron en el campo laboral, durante la década de los años setenta y ochenta, a partir de las demandas de las empresas de formar personas con destrezas para el mercado de trabajo, lo cual se convirtió en una política internacional en la década de los años noventa, a partir de la generación de políticas educativas en entidades tales como la UNESCO, Banco Mundial y el Banco interamericano de Desarrollo, entre otros”. (Tobón y Mucharraz, 2010, p.36)

La definición de competencia en el ámbito educativo actualmente es mucho más amplia y enriquecedora. Podría definirse como, la activación de saberes (ser, hacer, conocer y convivir), a través de una interacción educativa, con la finalidad de desarrollar personas integrales.
Este proceso de formación pretende minimizar o eliminar deficiencias de un sistema educativo tradicional, que se vinieron permeando en el tiempo. Aunque, debe reconocerse que la formación en competencias es la suma de los diferentes enfoques educativos que se han desarrollado hasta nuestros días, descartando muchas de las deficiencias mencionadas con anterioridad.

Mi énfasis no está en recomendar un modelo educativo basado en competencias, sino en responder a la interrogante: ¿Cómo generar el desarrollo de una integralidad (plenitud de vida) tanto de educadores como de educandos?

Aldana (2014) plantea que “El docente del siglo XXI debe ser una persona comprometida con la vida en general, pero con conocimientos pedagógicos que le permiten descubrir la importancia de su propia tarea en la transformación de la realidad.
En otras palabras, hablamos de una dimensión ética y pedagógica que lleva a una afectividad sana en el ejercicio docente.
Solo se aprende verdaderamente aquello que toca fuertemente nuestras íntimas visiones y nuestra emocionalidad; que tiene sentido para nuestro ser y nuestra vida o la del entorno.

Por eso la educación basada solo en procesos instructivos termina sin lograr aprendizajes, porque todo se hace mecánica y memorísticamente, sin que tenga sentido o significado para quien se supone está aprendiendo. Transformar mi realidad como docente repercute en la trasformación de los estudiantes […]”

Promover una formación integral en nuestros días tendría que ser la tarea fundamental de todo proceso de aprendizaje. Buscar la plenitud del ser humano en cualquier contexto de su vida será la tarea. Este tendría que ser un objetivo en el ámbito académico, a pesar de lo desconcertante que puede ser el entorno donde se encuentran los procesos educativos. Esto solo lo puede lograr el docente, quien es el que transforma su realidad en una educación formal, informal o no formal.

“Todo lo que usted planifique, ejecute y evalúe, tiene que basarse en el gozo de aprender. Es decir, tiene que tomarse el tiempo y la reflexión necesaria para encontrar y descubrir aquellos recursos materiales e inmateriales que ayuden a crear el clima de alegría, espontaneidad y gozo pleno”. (Aldana, C. 2016)

Elaborado por Cristian Andrino Coordinador de la especialización de posgrado en políticas educativas para el nivel medio EFPEM / USAC